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Cacería de hackers, el caso de Ola Bini

Por Pilar Sáenz

Lo que está sucediendo en Ecuador con el caso de la detención, para muchos arbitraria, de Ola Bini, un informático sueco, residente en ese país desde 2013, desarrollador especializado en temas de seguridad y privacidad, experto en criptografía, promotor de software libre y quien públicamente ha expresado su apoyo a Wikileaks, puede ser catalogado como una moderna cacería de brujas, o mejor, cacería de hackers.

La seguridad digital es ya un tema de gran relevancia para cualquier sociedad, necesitamos a los hackers, para desarrollar tecnologías más seguras, para verificar que las herramientas digitales que usamos a diario están funcionando bien y para alertar tempranamente de sus fallos. Y si, estamos utilizando la segunda acepción de la palabra hacker según la RAE: “Persona experta en el manejo de computadoras, que se ocupa de la seguridad de los sistemas y de desarrollar técnicas de mejora”. Estigmatizar y condenar a los hackers como el enemigo al que se debe vencer sin cuestionar, asumiendo su culpabilidad, es equivocado y solo genera más problemas.

Comienza la cacería

El pasado 11 de abril, durante la rueda de prensa donde se anunció el fin del asilo que Ecuador brindaba a Julian Assange en su embajada en Reino Unido, María Paula Romo, Ministra del Interior de Ecuador, sin dar nombres, denunció que desde hace varios años vive en Ecuador uno de los miembros claves de Wikileaks y persona cercana a Assange y que además, en Ecuador vivían dos hackers rusos.

Sobre ese personaje misterioso la Ministra señaló que tenían evidencia suficiente de su colaboración con los intentos de desestabilización en contra del Gobierno, que es cercano a Ricardo Patiño, Canciller de Ecuador durante la presidencia de Correa, quien concedió el asilo a Assange. Las “pistas” contra “esa persona” incluyen datos de viajes a Perú, España y Venezuela, que realizó junto a Patiño o en fechas cercanas. La Ministra además advierte que no van a permitir que el Ecuador se convierta en un centro de piratería informática y que no pueden permitir actividades ilegales para perjudicar a la ciudadanía ecuatoriana o de otros países, o a cualquier gobierno.

Este anuncio fue interpretado por algunos como una amenaza de persecución política, una disputa más en la ya larga pelea entre Correa y Moreno, y fue leído por muchos como la trompeta que da inicio a la cacería. El último trino de Ola Bini justamente menciona su preocupación por una posible cacería de brujas. Sus temores se materializaron horas más tarde cuando fue detenido en el aeropuerto de Quito.

Los problemas del caso de Ola Bini en concreto

Sobre la detención de Ola Bini se han denunciado  varias irregularidades, entre otras: la orden de detención inicial era para un ciudadano ruso, no sueco. La orden de detención para investigación se emite horas después de la detención. Al detenido no se le permite ver a sus abogados ni se notifica de su arresto a la embajada sueca como manda el procedimiento estándar.

Para la comunidad de personas desarrolladoras de herramientas de seguridad y privacidad alrededor del mundo, que han seguido el caso con interés, es ridículo que las evidencias incautadas en el allanamiento incluyan  «equipos informáticos, teléfonos celulares, dispositivos de almacenamiento, libros relacionados con hackeo electrónico, dinero, entre otros«. Es decir, material que cualquiera que trabaje en temas de seguridad digital tiene en su morral a diario.

Lo que está sucediendo con Ola Bini se está convirtiendo en otro mal precedente. El trato que se le está dando por parte de Ecuador contribuye a la criminalización de las personas cuyo activismo y trabajo resulta incómodo para los poderosos, su primer crimen es su relación con Wikileaks y con Julian Assange.

En el caso de Ola Bini adicionalmente, está la estigmatización a hackers y a sus instrumentos de trabajo (ej. computadores, memorias, herramientas de cifrado y USB) que son mostradas como armas y “pruebas” de supuestos delitos sin más. En esta retórica las personas expertas en desarrollo de herramientas para la protección de la seguridad y la privacidad son tratadas como delincuentes informáticos. De repente nos quedamos solo con la primera acepción del la RAE y “hacker” y “delincuente informático” se convierten en sinónimos. El tema es que sí, los delincuentes informáticos pueden ser hackers pero, no, no todos los hackers son delincuentes informáticos.

Las reacciones en protesta por la detención de Ola Bini no demoraron en llegar. El Relator Especial de Naciones Unidas para libertad de opinión y expresión, David Kaye, escribió en Twitter:

«Nada en esta historia conecta a Ola Bini con algún crimen. Defensor/experto en privacidad digital, expresó apoyo a Wikileaks, etc – seguro, pero el gobierno de Ecuador debe demostrar más que eso o esto parece una detención arbitraria»

A este pronunciamiento siguió el de Edison Lanza, Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos:

Otros pronunciamientos en contra de la detención de Ola BIbi se han dado por parte de organizaciones de derechos humanos y derechos digitales y personas que defienden y trabajan en temas relacionados: Artículo 19, APC, The Tor Project, Vijay Prashad, Martin Fowler, Jillian York, Renata Avila, entre otras.

Los hackers también facilitan la libertad de expresión

Quienes desarrollan herramientas de cifrado, programas que ayudan a mantener la privacidad y, en general, herramientas para mejorar la seguridad digital juegan un papel fundamental en la defensa y el ejercicio de la libertad de expresión. Sin estas herramientas, ejercer el derecho a comunicarnos de forma segura y privada no sería posible, como tampoco acceder o difundir información de forma anónima, realizar denuncias en medio de regímenes totalitarios o contra quienes ostentan algún tipo de poder.

La libertad de expresión está íntimamente ligada con el derecho a la intimidad. La libertad de expresión requiere no solo de periodistas y medios donde se divulgue información, sino de estas personas que desarrollan los medios para que la comunicación se dé. Los hackers son un eslabón importante de esta cadena, no podemos permitirnos la estigmatización que se está naturalizando, Ola Bini merece un trato garantista, los “presuntos” y “supuestos” son demasiados en este caso, tenemos que reclamar el debido proceso. Ola Bini no puede ser condenado simplemente por su profesión.

La estigmatización que generaliza al hacker como delincuente se ve en otros puntos del cubrimiento del caso más amplio de Wikileaks. Por ejemplo, en  declaraciones sobre este tema de la asambleísta Paola Vintimilla, afirma que Assange: «Hoy por hoy es considerado más un hacker y no un defensor de la libertad de expresión». Nuevamente, la asambleísta asume que llamar hacker a Assange es calificarlo negativamente, para ella seguramente es equipararlo con un delincuente. Vintimilla con su afirmación desconoce que los hackers que desarrollan medios, plataformas y herramientas de comunicación privada y segura son esencialmente defensores de la libertad de expresión.

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